Provincia de Girona


Iglesia de Santa Maria
(Agullana, Alt Empordà)

42º 23,633'N ; 2º 50,788'E




El lugar de Agullana se menciona por primera vez en un precepto del rey Luis II del año 878, donde confirma la posesión de un alodio en el lugar de Panissars, cerca de Aguilana, por parte de Santa María de Arles . El año 881 se volvía a confirmar esta posesión por parte del rey Carlomagno.

La iglesia de Santa María se menciona por primera vez en el testamento del clérigo Guiu, del año 982. Más tarde, en el año 1019, fue cedida a la Catedral de Girona por el obispo Pedro de Carcasona, con el visto bueno de su hermana, la condesa Ermessenda, y de su sobrino, el conde Berenguer.

A finales del siglo XX se procedió a restaurar el templo, eliminando la mayoría de los elementos añadidos a lo largo de los siglos, tal y como era habitual en las restauraciones de aquella época. Se eliminaron la sacristía, la buhardilla que había sobre la nave y el edificio del ayuntamiento, adosado al templo. Sólo se conservó el esconjuradero, que se alza sobre el extremo más oriental de la nave.


El templo nos recuerda mucho a la vecina Santa Lucía de la Jonquera. Está formado por una sola nave, muy esbelta, rematada al este por un ábside de planta semicircular. La nave está cubierta con una bóveda apuntada, sin arcos fajones, que arranca de una sencilla moldura.


A ambos lados del presbiterio encontramos dos capillas de planta rectangular y cubiertas con bóveda de cañón, que hacen la función de transepto, dotando al templo de planta de cruz latina. Posteriormente se añadió una sacristía en el brazo sur del transepto, que como ya hemos comentado fue derribada a principios de la década de los noventa del pasado siglo.


El ábside está decorado internamente con una cornisa, bajo la que encontramos un friso en el que se alternan los dientes de sierra con ménsulas. En el paramento interior del ábside hay dos hornacinas de arcos de medio punto.


Por la parte exterior podemos encontrar un friso de dientes de sierra y uno de arcos ciegos, acabados en ménsulas formadas por dos piezas, una de cuarto de bocel y otra cóncava.


En la parte central del ábside se abre una ventana abocinada. Un friso de dientes de sierra sigue la forma del arco. Un guardapolvo protege todo el conjunto. En la parte inferior de la ventana encontramos cuatro relieves de bocel.


Dos ventanas de similares características se abren en el muro sur y una en la parte central del muro oeste.


En el muro oeste encontramos una ventana de características similares.


En los muros orientales de los dos brazos del transepto encontramos una ventana de un solo derrame, muy profunda.


Por la parte exterior aún podemos ver la reja de forja románica. La del lado norte se ha conservado completa, mientras que la del lado sur ha perdido un trozo. Presentan la decoración típica románica a base de pequeñas espirales que se enroscan a ambos lados de un tallo central.


Sobre la fachada se alza una espadaña de dos pisos. En el inferior encontramos tres arcos de medio punto, mientras que en el superior hay dos arcos de cuarto de círculo.


En el muro sur se abre la puerta de acceso al templo. Está formada por seis arquivoltas de medio punto en gradación, dintel y tímpano liso. Parece ser que originariamente existía un tímpano esculpido, que ha desaparecido con el paso de los siglos.


La arquivolta exterior presenta una decoración muy simple a base de pequeñas piezas cilíndricas, similar a la que encontramos en San Juan de Perpiñán.


El conjunto se apoya en dos parejas de columnas con los capiteles esculpidos con motivos vegetales muy esquemáticos.


Destaca la base de una de las columnas, que es de mármol y no granito como el resto. Seguramente es aprovechada de época romana.


También parece aprovechado un gran sillar de piedra que hay cerca la puerta de acceso, actualmente bajo el nivel del suelo de la plaza y protegido por un cristal.


En él hay grabados varios juegos, como el tres en raya y un laberinto. Evidentemente en la posición en que se encuentra no se podía jugar, por lo tanto está claro que esta no era su ubicación original.


En el muro norte encontramos otra puerta, de factura mucho más sencilla, formada por un arco de medio punto adovelado. En este caso es de factura moderna: se la hizo abrir un cura para no tener que pasar por la calle sombría que hay a tocar del muro oeste. Curiosamente ha sido cegada por la parte interior, pero en el exterior se mantiene esta horrible puerta de hierro.