Provincia de Barcelona


Sant Llorenç prop Bagà
(Guardiola de Berguedà, Berguedà)

42º 14,109'N ; 1º 52,521'E      




Los orígenes del monasterio se remontan a un asentamiento eremítico de la segunda mitad del siglo IX, situado en la orilla derecha del Bastareny, cerca del camino que unía el Berguedà con la Cerdanya.


La primera vez que encontramos documentado Sant Llorenç prop Bagà es en el año 898, cuando recibió una donación de tierras. En este momento ya hay una comunidad organizada y dirigida por un abad. Durante el siglo X el cenobio recibe numerosas donaciones, algunas de tan importantes como las del obispo Radulf de Urgell o del conde Sunifred de Cerdanya. De esta manera se consolida y expande el dominio del monasterio en diversos territorios del Berguedà y de la Cerdanya.


El año 983 se consagra la iglesia de Sant Llorenç por el obispo Sal·la de Urgell, en presencia del conde Oliba de Cerdanya-Besalú, su esposa Ermengarda y sus hijos Bernardo, Guifré y Oliba.

Durante el siglo XI se mantienen las donaciones al cenobio, aunque se reducen. Esta merma de donaciones es más importante en el siglo XII y se limitan en muchos casos a agricultores que conservan el derecho de seguir trabajando las tierras y quedarse la undécima parte de los frutos recogidos.

Hay un momento a partir del cual los señores de la zona dejan de favorecer el monasterio y empiezan a intentar quitarle tierras y reducir su poder en la zona. Así en los siglos XII y XIII son frecuentes los pleitos con los señores de Pinòs, de Berga o de Peguera entre otros.

Hacia finales del siglo XIII la región entra en una época de crisis económica, que también afecta a la abadía con una bajada muy importante de las cosechas y por tanto las rentas que percibía. Debido a esta crisis y los numerosos pleitos con los señores locales, el monasterio estaba muy endeudado hacia el año 1290 y se tuvo que desprender de algunas posesiones o derechos. En 1327 el monasterio cedió al rey la mitad del castillo de Guardiola y del puesto de Llenes, lo que molestó a los Pinós, principales señores de la zona. Posteriormente, Pere III se vendió estas posesiones a la ciudad de Berga, incumpliendo una de las cláusulas del contrato firmado años antes con el monasterio. Aprovechando este hecho, los Pinós lograron hacerse con la mitad del castillo de Guardiola y del puesto de Llenes en 1365.

El 2 de febrero de 1428 hubo un importante terremoto que derribó buena parte de las estancias monásticas. Se derrumbó parte del claustro, el dormitorio de los monjes, la casa del abad y otras estancias. Parece ser que estas no fueron reconstruidas. También la iglesia sufrió importantes daños y según el informe realizado por los visitadores de la Congregación Claustral Tarraconense en 1447, no se podía hacer el oficio en la iglesia sin peligro de muerte. A pesar de este informe, no se hace nada para reconstruir las estancias y la iglesia y en 1490 dos monjes reciben a los visitadores fuera del monasterio, pues el claustro, el dormitorio, el refectorio, la cámara del abad y otras estancias estaban aún destruidas . El abad, Galceran de Pinós, por su parte, se había trasladado a vivir a Bagà. Probablemente fue el primer abad comendatario.

Como en muchos otros casos, la existencia de abades comendatarios que no viven en el monasterio, provocó el agravamiento de la decadencia del cenobio, convirtiéndose en un simple priorato en 1592. En 1620 se procede por fin a reconstruir algunas estancias y se decide reparar parcialmente la iglesia, pues no se reconstruye el que se había derrumbado, si no que se construye una nueva fachada, acortando así el templo. También se decide dividir la nave sur en dos niveles, creando un único espacio litúrgico con la tribuna. La parte inferior de esta nave y la cripta románica quedaron inutilizadas.

A mediados del siglo XVII se derribaron y colgaron de tierra la mayoría de construcciones realizadas en el siglo anterior. De esta manera el priorato y el templo quedaron separados por una explanada.

A partir de 1855 la iglesia monástica y lo que quedaba de las dependencias pasó a depender de la sede de Solsona, como parroquia. En 1959 se inauguró un nuevo templo en la ciudad de Guardiola de Berguedà, convirtiéndose en la nueva parroquia de la zona.

Sobre lo que quedaba del priorato se decidió levantar una casa de colonias. Por suerte no se derribó el edificio medieval, sino que se modificó y amplió.

Actualmente el monasterio presenta un aspecto difícil de describir, pues ha sido profundamente restaurado y reconstruido entre 1982 y 1988 y posteriormente entre 1996 y 2008. Durante estas campañas de trabajos se procedió a hacer excavaciones arqueológicas que han permitido localizar numerosos restos de las estancias perdidas , así como delimitar el perímetro original del templo. A pesar de estos trabajos, todavía queda mucho trabajo por hacer en el sur del claustro.


Uno de los hallazgos más importantes fue el descubrimiento del primer templo, datado entre los siglos V y VII. Este se encontraba en el sureste del templo actual y estaba formado por tres naves con cabecera plana. El ábside central tenía una planta interior rebasada. A su alrededor se encontraron numerosas tumbas. Desafortunadamente no podemos ofrecer imágenes de esta zona pues no se encuentra condicionada para las visitas y aún está pendiente de seguir con las excavaciones.

Como muchas de las restauraciones / reconstrucciones hechas en esta época por la Diputación de Barcelona, ​​ésta no está exenta de polémica y de detractores y defensores. Para recuperar los restos medievales de las dependencias monásticas era necesario derribar todos los añadidos que se construyeron cuando se hizo la casa de colonias. El problema es que el obispado no quería renunciar a este espacio y fue necesario encontrar una nueva ubicación. La solución fue cuando menos curiosa. Se optó por recuperar casi todo el espacio volumétrico de la iglesia románica y ocupar los dos últimos tramos del templo como casa de colonias y auditorio. En la nueva fachada se colocó la puerta barroca que había tenido el templo en el muro que se construyó para cerrar la parte del templo que se había conservado en pie.


De esta manera se pudo derribar la casa de colonias, recuperando así los restos de las dependencias monásticas que se habían conservado, concretamente la parte que correspondía en el hospital de peregrinos. Destaca su acceso desde el exterior, donde vemos una sencilla puerta de medio punto flanqueada por dos ventanas geminadas.


La iglesia consagrada en el 983 tenía planta basilical de grandes proporciones y dividida en tres naves. Estas estaban separadas por columnas donde se apoyaba la estructura de madera de la cubierta. Se accedía al templo por una puerta abierta en el muro este, precedida de un amplio pórtico abierto al exterior gracias a grandes arcos. Encima de este atrio, según podemos saber gracias a documentos de la época, se levantaba una torre campanario.


En el siglo XI se construyen dos absidiolos a poniente de las naves laterales, con un nivel de pavimentación superior a estas. Las absidioles quedaron muy dañadas en el terremoto del siglo XV. En el siglo XVII cuando se decide reparar el templo, se elimina esta cabecera y se abre una puerta de acceso en su lugar. Es por este motivo que los absidiolos quedaron enterrados y no fueron descubiertos y excavados hasta el año 1986. En su interior tenían una hornacina, donde se veneraba alguna imagen.


Exteriormente se cree que estaban decorados según la tradición lombarda, pues en la del lado sur se ha conservado el arranque de lesenas.


Todavía se pueden ver los arcos de medio punto que comunicaban estos ábsides con las naves laterales.


El templo tenía cinco puertas más, dos en el muro norte y tres en el muro sur. De ellas se conservan dos en el sector de mediodía y una en el de tramontana. Están formadas por un arco de medio punto adovelado, con dintel y tímpano hecho a base de rocalla unida con mortero.


El templo conserva algunas ventanas originales en el muro sur y oeste. Son de medio punto y doble derrame.


En el muro sur se colocó una ventana que había coronado el muro este, desde que se construyó una nueva fachada en época barroca, para cerrar la parte del templo que se había conservado. Esta conserva unos elementos escultóricos muy arcaicos y probablemente reaprovechados de la construcción anterior.


En la parte exterior se pueden ver unos trenzados en forma de bucle encima de los cuales hay una flor de seis pétalos circunscrita.


A la izquierda vemos una figura humana que se tapa los pechos y los genitales con los brazos. Probablemente se trata de Eva, después de haber comido el fruto del árbol prohibido.


En la parte interior volvemos a ver sogeados: uno de tres bucles y el otro de dos. Encima de este último hay dos flores dentro de unos cuadrados.


En el siglo XII se reforma el templo. Se sustituyen las cubiertas de madera por bóvedas de piedra.


La de la nave sur es de cañón, reforzada por arcos dinero de perfil rectangular, que descansan en columnas semicirculares adosadas.


Hay que pensar que la nave norte se modificó de la misma manera, pero no tenemos datos que lo confirmen, pues en la actualidad está cubierta con bóvedas de arista hechas en el siglo XIX, pues quedó muy dañada durante el terremoto del siglo XV.

La bóveda de la nave central es ligeramente apuntada. Suponemos que inicialmente se proyectó también con arcos fajones, a juzgar por las columnas adosadas a los pilares, pero en la actualidad sólo se conserva el más oriental.


Se cree que en el terremoto de siglo XV se derrumbó parcialmente esta bóveda y se reconstruyó sin los arcos fajone. Posteriormente a principios del siglo XX se reconstruyeron estos arcos, que pueden verse en fotografías anteriores a la restauración del edificio. En considerarse no necesarios y haber sido añadidos posteriormente, se eliminaron en la restauración de finales del siglo XX. Esto ha provocado que las columnas adosadas a los pilares hayan perdido su función.


Las columnas tienen capiteles hechos con piedra pómez, que tienen una decoración muy simple de tipo vegetal.


En esta misma reforma se construye una tribuna en la parte más occidental de la nave central. Para su construcción se eliminaron las antiguas columnas circulares que sostenían la cubierta de madera y se sustituyeron por los pilares con semicolumnas adosadas ya citados anteriormente.


En el nivel inferior de la tribuna se rebajó el suelo y por ello tradicionalmente se ha considerado este espacio como un cripta.


Este espacio ocupa tres tramos de la nave central y está cubierta con bóvedas de arista.


La construcción de la tribuna provocó que la separación entre las naves se hiciera mediante dos hileras de arcos formeros de medio punto: una en cada uno de los niveles en que quedó dividida la nave central.


También en este momento se construye un espacio rectangular entre los dos absidiolos al nivel de la tribuna.


Durante la reforma del siglo XI se construyeron la mayoría de dependencias monacales que han llegado hasta nuestros días y que se organizaban en torno a un claustro, situado junto a mediodía del templo. El claustro tenía planta cuadrada y sólo se han conservado unos fragmentos situados en el ángulo noreste.


Se cree que la galería oeste estaba ocupada por la casa del abad, que estaba conectada directamente con la iglesia.


En el sector este, como ya hemos comentado estaba el hospital, que es el espacio mejor conservado. Se cree que a su lado estaba la sala capitular y el dormitorio de los monjes.


El sector sur resultó muy alterado en época barroca y no se han encontrado restos de las dependencias monásticas. Es probable que en este sector estuviera el refectorio y la cocina.


En el interior del templo, en un espacio acondicionado como museo podemos ver dos tenantes de altar, probablemente de la iglesia consagrada en el siglo X. Cada uno de ellos está formado por cuatro fustes de poco más de medio metro de altura, hechos con piedra pómez.


También se conservan algunos fragmentos de impostas y capiteles decorados con rosetas, estrellas y sogeados. Están datados entre los siglos XI y XII.


Por último, también podemos ver una pila bautismal del siglo XI, que en este caso no corresponde a este templo, si no que fue traída de la iglesia abandonada de Sant Climent de la torre de Foix.


Desde aquí queremos agradecer las explicaciones y facilidades que nos dio Pere Cascante, guía del lugar. Esperamos haber transmitido con esta página una parte de las emociones y conocimientos que nos transmitió durante la visita.