País Vasco / Euskadi - Álavba / Araba


San Pedro de Quilchano
(Elburgo / Burgelu)

42º 52,423'N ; 2º 52,122'O    




La primera mención al sitio de Gulciano que nos ha llegado data del año 1257, cuando aparece en la relación de pueblos que hizo el obispo Aznar. En 1337, el rey Alfonso XI concedió el título de villa a Elburgo, entonces Quilchano fue anexionado a ella. A partir de ese momento se produjo un progresivo abandono de la población, que ya nos consta como definitivo en 1484.


Del edificio original románico sólo conservamos la cabecera, bastante alterada por las obras de restauración que se realizaron en 1993 y que la salvaron de su desaparición. De la nave no se conserva nada, pues a principios del siglo XIV se produjo un movimiento de tierras que provocó el derrumbe parcial y la consecuente reconstrucción del templo. En el siglo XVII sufrió un importante expolio. Posteriormente, en el siglo XVIII, se derribó la nave, que estaba muy dañada y se construyó un porche en el muro oeste, conservándose sólo la cabecera románica y los cimientos del muro norte y de los contrafuertes que lo reforzaban.


El ábside estaba cubierto con una bóveda de crucería, de la que se conservan el arranque de los nervios que la reforzaban. Cuando se reformó el templo en el siglo XVIII se derribó esta bóveda y se construyó una barroca. Actualmente presenta una cubierta de madera, que se levanta sobre una estructura metálica que se colocó para evitar que los muros se separaran y se acabara derrumbando la cabecera.

Lo que más destaca de este templo son sus dos ventanas, inspiradas claramente en la Puerta Speciosa de Estíbaliz y datadas a finales del siglo XII. Parece que éste no era su emplazamiento original y que se colocaron en este lugar a lo largo de los siglos. La más interesante es la del muro este.


Está formada por dos arquivoltas de medio punto, que están decoradas con besantes y protegidas por un guardapolvo en forma de baquetón.


Los arcos descansan en dos parejas de columnas, con los fustes y los capiteles bellamente esculpidos. Los fustes del lado derecho están decorados con entrelazados de cestería, los del lado izquierdo presentan una retícula de flores de cuatro pétalos.

Columnas de la ventana este   Columnas de la ventana este

Los capiteles exteriores tienen una decoración vegetal a base de hojas de roble, mientras que los interiores tienen esculpidos unos cuadrúpedos, de cuya boca salen unos tallos que se enredan en sus patas.

Capiteles de la ventana este   Capiteles de la ventana este

Por su parte interior también presenta dos arquivoltas, también decoradas con besantes y que se apoyan en columnas esculpidas. Los fustes exteriores vuelven a presentar una retícula de flores de cuatro pétalos en las columnas exteriores. El interior del lado izquierdo tiene un motivo de cestería, mientras que el de la derecha es liso. Sus capiteles vuelven a mostrar bestias entre tallos ondulados en el exterior del lado izquierdo y en el interior del lado derecho y motivos vegetales en los otros dos.


La otra ventana la encontramos en el muro sur. Está formada por dos arcos ligeramente apuntados. El interior descansa en columnas y capiteles de factura similar a los de la otra ventana. En este caso ambos fustes son de flores en forma de retícula.

Columna de la ventana sur   Columna de la ventana sur

El capitel del lado izquierdo es de tipo vegetal, a base de hojas de roble y volutas. El del lado izquierdo presenta unos motivos ondulantes y el del lado derecho elementos vegetales. Por su parte interior no presenta decoración.

Capitel de la ventana sur   Capitel de la ventana sur

Debajo de esta ventana vemos una credencia geminada, con los arcos apuntados. En el muro norte hay otra de un solo arco y de factura posterior.

El templo conserva parte de la decoración pictórica medieval. Por un lado, podemos ver la imitación de sillares en blanco y rojo, un motivo muy habitual en las iglesias de la zona. También existen algunas cenefas correspondientes al siglo XIV en color amarillo y negro y también en rojo. La mayoría de las pinturas son de etapas posteriores, cubriendo en rojo grandes partes de la pared.

Por desgracia, lo que más destaca hoy de este templo es la gran vidriera y la verja que la protege, que encontramos en el muro oeste. La vidriera se hizo con la idea de recordar el volumen de la antigua nave y que pudiera verse el interior de la capilla, pero el vandalismo obligó a poner una gran reja. Quizás los restauradores ya se lo podían haber imaginado, que los cristales eran muy golosos... El resultado final, aparte que estéticamente es más que discutible, es que la distancia existente entre ambos elementos hace que sea imposible ver el interior a pesar de los cristales descomunales. Todo un acierto, si señor.


Además, como nos ocurrió en muchos templos de la zona, no encontramos las complicidades que nos permitieran entrar y así poder ofreceros imágenes del interior. Esperamos tener más suerte en futuros viajes.